Cada año el discurso corporativo se llena de compromisos sobre equidad y diversidad. Sin embargo, el verdadero reto para las empresas tecnológicas radica en cómo sostener estas prácticas el resto del año para que la inclusión no quede en una iniciativa aislada, sino que se traduzca en una transformación cultural profunda.
El punto de partida es reconocer el problema de fondo y ayudar a romper las barreras estructurales. Datos del BID muestran que, aunque el talento femenino representa más del 45% en cargos de nivel de entrada, la cifra cae al 20% en puestos ejecutivos. Esta caída evidencia la necesidad de repensar los modelos de gestión interna, donde la empatía y la flexibilidad se vuelven activos estratégicos para la retención.

“En tecnología, solo 3 de cada 10 posiciones de liderazgo están ocupadas por mujeres. Hoy nos corresponde asegurar que más mujeres no solo ingresen a esta industria, sino que la lideren”, afirma María Camila Quiñones, Delivery Director de Slalom. La directiva explicó que la responsabilidad recae en las empresas, las cuales deben evolucionar para sostener este nuevo paradigma, empezando desde la alta dirección y permeando hacia todos los niveles organizacionales.
Esta evolución hacia un liderazgo más inclusivo también impacta en la estructura de compensaciones. Datos de la compañía muestran una brecha salarial media del -9.6%, lo que significa que, en promedio, las mujeres de la firma perciben una remuneración horaria superior a la de sus homólogos masculinos. Este indicador refleja una estructura organizacional donde el talento femenino no solo está presente, sino que ocupa posiciones de alto valor estratégico y especialización dentro de la operación.
Aquí las redes de apoyo juegan un papel importante, “crear una red de mujeres que compartan, enseñen y apoyen a nuevas generaciones de líderes en tecnología”, explica Quiñones. Este es el espíritu que impulsa iniciativas internas como Slalom Women, diseñadas para garantizar una voz equitativa y construir una comunidad orientada al éxito.

Al respecto, Cecilia Polo, Delivery Center Lead de Slalom, añade: “No se trata de cumplir con una cuota de diversidad; la equidad es un motor fundamental para la innovación. Esa capacidad de crear se construye mucho antes de que alguien solicite su primer empleo”. La formación de líderes empáticos, en este sentido, requiere tender puentes que conecten la experiencia temprana con el desarrollo profesional continuo.
Hoy, la mitad de los cargos directivos de Slalom están ocupados por mujeres. Esta igualdad del 50/50 demuestra que se puede romper el “techo de cristal”, pero el reto es regional. “Para un ecosistema tecnológico competitivo en Latinoamérica, debemos ampliar quiénes participan en su creación. La diversidad de las soluciones de mañana depende de a quiénes empoderemos hoy”, destaca Polo.
Calidad en la cultura laboral
El cambio real ocurre lejos de los grandes reflectores y se sostiene en la calidad de las relaciones laborales. “Una cultura inclusiva se construye con comportamientos diarios: respeto, participación equitativa y celebración de la autenticidad”, añadió Quiñones. La ejecutiva concluye que “nuestra fortaleza no está en encajar en un solo molde, sino en abrazar nuestras diferencias. Contar nuestras historias demuestra que la tecnología también es nuestro lugar”.
Visibilizar estos referentes es el paso definitivo para que las nuevas generaciones comprendan que el verdadero cambio estructural ocurre cuando el liderazgo empático permite que el talento, sin distinción de género, encuentre espacios donde desarrollarse plenamente.