Este miércoles a las 11:30 a.m hora Colombiana , sonará el silbato para que juegue nuestra Selección. Lo que sucederá en la cancha del Estadio Miejski ŁKS en Polonia, no es solo un partido de fútbol; es la materialización de años de lucha, resistencia y puro talento femenino. La Selección Colombia Femenina Sub-20 se enfrenta a Corea del Norte por un cupo inédito a la final del Mundial, y el eco de este logro trasciende por completo lo deportivo.
Para entender la magnitud de lo que estas mujeres están logrando, hay que mirar atrás. La última vez que Colombia pisó una semifinal en un Mundial Sub-20 fue hace 16 años, en Alemania 2010. Las jugadoras que este miércoles saldrán a hacer historia tenían, en promedio, apenas 3 o 4 años de edad en aquel entonces. Crecieron en un entorno donde soñar con vivir del fútbol profesional era, para muchas, una utopía. Hoy, son ellas quienes están viviendo este momento y regalando esperanza futbolera a todo un país.
Este grupo logró lo que parecía imposible: ingresar a los cuartos de final, esa barrera invisible que las frenó en 2022 y que les arrebató el sueño en los penales durante el Mundial en casa en 2024. Enfrentar y vencer a Nigeria el mismo rival que nos eliminó en aquella histórica semifinal de 2010 cerró un ciclo de más de una década y demostró que el éxito de hoy no es un destello ocasional, sino el resultado de un largo proceso.
La resiliencia del minuto 90
El gol de la clasificación a semifinales tuvo una dosis de dramatismo. Al minuto 90, cuando la tensión estaba en su punto máximo y el alargue parecía inminente, la figura de Valerín Loboa cambió la historia. Que la encargada de desatar la euforia sea una delantera consolidada en el fútbol norteamericano no es azar, sino la prueba del altísimo nivel que han alcanzado nuestras jugadoras. Su gol en el último suspiro es la metáfora exacta de nuestra historia: la capacidad de resistir, presionar y pelear hasta el pitazo final.
El impacto de lo que ha logrado la selección femenina en este torneo ha trascendido fronteras, El camino no ha sido fácil, pero la madurez táctica y mental de las jugadoras ha sido la clave en su desempeño. En su análisis previo a las semifinales, el portal oficial de la FIFA destacó:
«Colombia se ha recuperado notablemente desde aquella derrota ante sus rivales asiáticos, demostrando garra y calidad a partes iguales para superar a los anfitriones y luego a Nigeria en la fase eliminatoria, en ambas ocasiones por un solo gol».
Y es precisamente esa mezcla de «garra y calidad» la que necesitarán desplegar este miércoles. El desafío ante Corea del Norte, una potencia absoluta e implacable en esta categoría. Pero el equipo dirigido por Carlos Paniagua ha demostrado que su fortaleza radica en un liderazgo colectivo inquebrantable, donde cada jugadora se respalda en la otra.
Este 23 de septiembre, cuando ruede el balón, estas once jugadoras no correrán solas; llevarán consigo el impulso de un país que, por fin, aprendió a creer en ellas. Ya no son las niñas que soñaban con llegar lejos. Hoy son las mujeres que le están enseñando a toda Colombia que sí se puede jugar futbol profesionalmente.
Imagen destacada: Federación Colombiana de Futbol