El silbatazo inicial del duelo entre Túnez y Países Bajos, correspondiente al Grupo F del Mundial 2026, no fue uno más en la historia del fútbol. Ese sonido marcó la caída de una barrera que se mantuvo intacta por casi un siglo. Katia Itzel García, de 33 años, pisó el césped para convertirse en la primera jueza central de América Latina en dirigir un partido de una Copa del Mundo masculina.
Tuvieron que pasar casi 100 años de historia mundialista para ver a mujeres impartiendo justicia como árbitras principales. La puerta se abrió apenas en Qatar 2022 con la francesa Stéphanie Frappart, la ruandesa Salima Mukasanga y la japonesa Yoshimi Yamashita. Para esta edición de 2026, la estadounidense Tori Penso —cuyo reciente debut ya había marcado el ritmo del torneo— tomó la batuta en el choque entre República Checa y Sudáfrica.
Sin embargo, América Latina todavía esperaba su turno en el centro del campo. Aunque la región ya había celebrado la presencia de árbitras asistentes, como la brasileña Neuza Back y la mexicana Karen Díaz, Katia Itzel dio el paso definitivo. Se consagra así como la quinta mujer en la historia en dirigir un encuentro de este nivel.
«Katia rompe con todos los estigmas y con la visión tradicional que había sobre las mujeres. Es un ejemplo para todas las niñas y niños de que podemos ser lo que queramos ser», expresó la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, celebrando este hito para el país y la región.
Un camino forjado desde la academia hasta la cancha
Originaria de la Ciudad de México y proveniente de una familia de músicos, Katia optó por un escenario muy distinto: el deportivo. En su época universitaria, su gran sueño era ser futbolista. No obstante, la falta de una liga profesional femenina en México durante esos años la llevó a jugar para el equipo de su universidad mientras sacaba adelante sus estudios en Ciencia Política y Administración Pública.
Esa carencia de oportunidades en el fútbol profesional no la alejó del balón; al contrario, le dio una nueva perspectiva.
«Me di cuenta de que ahí se podían crear nuevos sueños, construir metas y estar cerca del deporte. La árbitra tiene la mejor silla dentro del fútbol: ve los goles de cerca y vive el ambiente del estadio desde adentro», confesó en una entrevista con la periodista Carmen Aristegui, previa a su viaje mundialista.
Ascenso meteórico y barreras derribadas
Su carrera, que comenzó en el arbitraje amateur en 2015, despegó rápidamente gracias a una disciplina férrea. Pasó por todas las divisiones inferiores masculinas, torneos juveniles, la Liga de Expansión y la Liga MX Femenil. Para 2019, con apenas 27 años, ya portaba el gafete internacional de la FIFA.
El preámbulo a este momento histórico en 2026 estuvo lleno de triunfos pioneros. Katia fue la jueza central en la final de la primera Copa Oro W de la Concacaf y brilló en los Juegos Olímpicos de París 2024. Pero, quizás uno de sus mayores golpes sobre la mesa ocurrió en marzo de 2024, cuando dirigió el partido entre Pachuca y Querétaro. Ese día, se convirtió en la primera mujer en pitar un partido de la primera división masculina de México en 20 años, tomando el relevo de Virginia Tovar, quien lo había hecho en 2004.
En una charla reciente con estudiantes de la UNAM, García recordó lo cuesta arriba que fue el trayecto: «De 900 árbitros profesionales que había en todo el país cuando ingresé, solamente 30 éramos mujeres. Supe de inmediato que no sería fácil lograr mi meta de ser árbitra internacional. Pero cuando sigues lo que te apasiona, contrarrestas cualquier obstáculo con trabajo y dedicación».
Hoy, Katia Itzel García no solo dirige a 22 jugadores en la cancha más importante del mundo; está abriendo camino. «Represento el espacio que muchas árbitras abrieron para nosotras, y espero que este lugar sea todavía más grande para las que vienen detrás», reflexiona. Su legado apenas comienza, y ya le está demostrando a toda una generación que existe una forma muy distinta, y sumamente poderosa, de vivir el fútbol.